miércoles, 2 de agosto de 2017

PICO URRIELLU POR LA VÍA PIDAL-CAINEJO (V). JULIO 2017


Nos embarcamos en esta aventura mi querido amigo y maestro Paco y un servidor, Prusik, para escalar esta vía mítica que dio origen a la escalada moderna en España. Cuesta creer que el Cainejo (Gregorio Pérez Demaría), mejor conocido en su pueblo como "el atrevidu" y el marqués de Pidal hicieran esta escalada con una cuerda de pita, alpargatas el marqués y descalzo el Cainejo. Y lo que es más: bajar por el mismo sitio. Cuando hay que apretar en las "panzas de burra" a 200 m del suelo, comprendes que hay gente hecha de otra pasta.


Así se presentaba nuestro objetivo


Salimos del collado de Pándebano un viernes para ir ascendiendo paso a paso hacia el vivac a pié de vía, donde pasaremos casi tres días de forma autónoma y escalando. Porteando nuestras pesadas mochilas y con una niebla que nos libra del sol, alcanzamos el refugio de Vega de Urriellu. Tenemos claro nuestro destino y apenas si paramos para cargar con 5 litros de agua cada uno, que hacen que el peso aumente en 5 kg, que nos ponen a prueba en la Canal de la Celada. Al final, prueba superada: alcanzamos nuestro "hotelito mil estrellas" con vistas al mar de nubes y de agua.









Ahí abajo se adivina nuestro alojamiento


Esa misma tarde decidimos calentar motores escalando los dos primeros largos de la vía del Paso Horizontal, cara Sur, que utilizaremos al día siguiente para descender de cumbre unidos a la Teógenes, con idea de evitar la saturada bajada de la Martínez con la consecuente lluvia de piedras que nos preocupa bastante.







Por hoy ya es bastante. Ahora a descansar y prepararse para mañana.





Este atardecer compensó la dureza del día.


Al día siguiente nos ponemos en marcha y llegamos a pié de vía dónde tan solo una cordada se nos había adelantado. Escalan ágiles y la espera es corta, así que empezamos el primer largo, con una travesía bastante laboriosa aunque no demasiado difícil. El segundo largo comienza con la conocida Llambrialina, donde se pone a prueba la adherencia de nuestros pies de gato y nuestra sangre fría. Salimos encima de una cueva y toca hacer un paso de grado II caminando, con las cuerdas recogidas para evitar desprendimientos. Eso si, con buen patio. Así alcanzamos el hombro noroeste, con una vista espectacular del refugio por un abismo de 200 m. Por fin comienza la escalada vertical, que yo personalmente prefiero a las travesías.






Nos esperan cinco trabajosos largos que vamos sacando con paciencia y buen ánimo. Las dos siguientes reuniones no son muy cómodas, pero después hay premio, llegando a una cueva que nos permite descansar y tomarnos un respiro para la batalla final.













Al fin superamos la última panza de burra y llegamos al último largo que haremos
trepando ya sin ningún tipo de seguro hasta la cima.


Aspecto de la trepada final ¡Ojito con bajar la guardia!




¡Reto conseguido!


Ahora toca bajar por el Anfiteatro a buscar la línea de rapel de la vía Teógenes, que comienza justo en el
 agujero de la Cepeda y a casita a cenar y dormirnos con una sonrisa viendo el cielo cuajado de estrellas.




Gracias amigo Paco por hacer posible estas aventuras que muestran la belleza oculta de las montañas y sus secretos y que nos hacen crecer como montañeros y como personas.